El moho es un hongo y necesita tres cosas: materia orgánica, temperatura normal de casa y agua. Las dos primeras las tienes siempre, así que todo el problema es el agua. Por eso limpiar la mancha resuelve la vista y no el problema: si la humedad sigue ahí, la mancha vuelve, normalmente en el mismo punto y el mismo mes del año.
Antes de comprar nada conviene saber de qué humedad se trata. La condensación deja manchas en esquinas frías, marcos de ventana y detrás de los muebles pegados al muro exterior; se combate ventilando corto e intenso y manteniendo la humedad relativa entre el 40 % y el 60 %. La filtración deja una mancha localizada que crece con la lluvia y no se arregla limpiando, sino reparando. La capilaridad sube desde el suelo en plantas bajas y es un problema de construcción.
Y luego está la parte que casi nadie cuenta: el producto depende de la superficie. En azulejo o cristal la lejía diluida funciona; en yeso, gotelé o pintura mate blanquea la mancha pero no penetra en el material, y el hongo rebrota a las pocas semanas.